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martes, 19 de enero de 2016

YO SOY DUEÑO DEL SILENCIO


THANATOS es el protagonista de este poema que publiqué hace ya veinticinco años y que no es sino el símbolo de la amarga realidad que ya vivimos y que el vate condena con su palabra.


YO SOY DUEÑO DEL SILENCIO 


Levantose un día Thanatos y así habló:

“Soy la paz.
Yo soy dueño del silencio
y en la noche sin estrellas
soy la arena infecunda del desierto.
Soy la alondra que impasible en la vitrina
por la mano del hombre disecada
os contempla
y soy flor que arrancada de la rama
se marchita.
Soy el Todo y soy la Nada
y soy Dios.
Pues en todo permanezco,
yo soy Dios”.

Y hubo muchos que dijeron con Thanatos:

“Él es Dios, él es Dios”.

Fulgió entonces el sol afilado del acero
y la sangre subió como una llama volcánica
ante la gélida indiferencia de Ceres.
Y cubriose la Tierra de cadáveres
y las bestias se espantaron
ante la crueldad de esos hombres.
Y habitaron las mansiones del placer
y rociaron sus cuerpos
con esencias de violetas y de nardos.
Y llenaron sus abdómenes
de licores y majares refinados.
Y erigieron grandes templos
con misílicos pilares levantados.
Y afirmaron con cinismo:

“Somos nobles
pues servimos a Thanatos”.

Creció y creció
el clamor quejumbroso de la plebe.
Y asesinaron, torturaron...
Y otra vez inquilinos del placer
y del lujo a los balcones asomados
contemplaron la gran marea de sangre
que subía del asfalto.
“Oh, Thanatos,
¿qué nos queda por hacer?”

- preguntaron –

“Quiero el templo de la Tierra,
de la Tierra quiero el templo consagrado”.

Rociaron entonces sus cabezas
con el polvo de cuerpos calcinados, 
y entre gritos esperpénticos
y entre danzas de abyectos desalmados
arrojaron de los templos...
sus misílicos regalos.

Antonio Capilla, Y EL CORAZÓN AL VIENTO, Madrid, 1991

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