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jueves, 4 de agosto de 2016

POR MATAR UN MOSQUITO

Érase una vez un hombre justo que había declarado la guerra a los cazadores furtivos de elefantes, los cuales se ensañaban con estos nobles animales y les arrancaban sus colmillos sin que ni siquiera esperasen a que previamente hubieran expirado como consecuencia del fuego de sus fusiles.

A pesar de todo, los criminales a los que nos referimos tenían muchos compinches que se lucraban con el contrabando del marfil y no estaban dispuestos a tolerar que nadie por honesto y justo que fuese pusiera en riesgo tan rentable negocio.

Así que sometieron a nuestro hombre a una vigilancia rigurosa con el fin de sorprenderlo en algo que pudiese pasar por ilícito y poder desacreditarlo de esta forma. Pensaban, pues, que con este método neutralizarían la fuerza de su lucha que cada vez encontraba más apoyos y resultaba más eficaz.

No escatimaron para ello todos los medios a su alcance, de suerte que se turnaban para vigilar a nuestro hombre noche y día. Y ya desesperaban con no encontrar nada que lo comprometiese cuando vieron que en un acto reflejo nuestro protagonista mató de un manotazo a un mosquito que le había picado en la mejilla. Ni que decir hay que el tortazo que el pobre se propinó fue sonoro.

Pero lo peor de lo peor resultó ser que el dicho tortazo además de sonoro fue sonado porque sus enemigos desataron entonces una campaña contra él en la que lo llamaron asesino de mosquitos, crimen horrendo contra la vida misma que debía inhabilitarlo para siempre como paladín de los nobles elefantes y luchador incansable contra los delincuentes.

Y, colorÍn colorado a los que entenderlo quieran que este cuento no ha acabado.

Antonio Capilla Loma,  Pozuelo de Alarcón,  31-7-2016

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