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lunes, 23 de abril de 2018

EN PRO DE LA IGUALDAD

Nos dice Galeano que la utopía es como la línea del horizonte: damos tres pasos adelante con el noble afán de alcanzarla y ella avanza tres pasos también; cuanto más empeño ponemos en llegar a ella, más parece alejarse de nosotros. Entonces, para qué sirve la utopía, le preguntan a Galeano. Y éste reaponde: Para seguir avanzando.

Sí, amigos y amigas, siempre avanzando hacia el ideal soñado es la mejor manera de sentirnos vivos y partícipes de nuestra naturaleza humana en el plano más elevado de ella.

Así, pues, le canto a la utopía en este poema que nació antes de que nos involucraran nada más y nada menos que en la guerra de Irak, a pesar de nuestro rechazo expresado en multitudinarias manifestaciones. Y ya sabemos que de una tropelía nacen otras.

EN PRO DE LA IGUALDAD

En pro de la igualdad

tu mano con la mía

en la mirada el cielo

en el pecho una herida.

Vente conmigo, hermano,

la senda tiene espinas

quitemos los abrojos

lleguemos a la cita.

En pro de la igualdad

la flor es más bonita

el hombre se hace hombre

el viento se hace brisa.

Se rompen las cadenas

la patria se hace chica

no hay rueda que más ruede

como la Historia misma.

¡Y al alimón

para el que tenga pena

que no la tengo yo!

En pro de la igualdad

la lucha es alegría

el mar es una balsa

el tiempo es una chispa.

Hermano, si me buscas

comienza tu partida

no vivas en la noche

se ve mejor de día.

En pro de la igualdad

la Tierra es una mina

para el trabajador,

tu y yo en la misma orilla...

Y el corazón al viento

que allá en la lejanía

lozana está esperando

del hombre la utopía.

¡Y al alimón

para el que aquí se quede

que no me quedo yo!

Toma una caracola

con las brisas marinas

con el sol del verano

y el agua cristalina.

Dame a cambio los frutos

de la huerta que habitas

la escarcha que la viste

y el cielo en las pupilas.

La inocencia en tu carne

el  mundo en mi retina

codo a codo en un plano

que la flor se marchita.

Y ahora ven, compañero,

a ser libre, camina

con un canto en los labios:

Igualdad tuya y mía.

¡Y al alimón

para el que tenga pena

que no la tengo yo!

Antonio Capilla, en Y EL CORAZÓN AL VIENTO, Pozuelo de Alarcón, 1991

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