sábado, 28 de septiembre de 2013

QUÍTALE AL ASTRO SU LUZ (En la voz de Jorge del Nozal)



Quítale al astro su luz,
Coge del fuego la llama,
Róbale al día la sonrisa
Y al desierto la nostalgia,
Pero de mi propio ego
No intentes sacarme el alma.

Quítale al viento su fuerza,
Deja al santo sin peana,
Toma del eco la voz,
De los valles las montañas,
Pero de mis sentimientos
No arrebates a mi amada.

Quita al rayo su energía,
Deja al océano sin agua,
Niégale al rosal las rosas,
Y al ocaso la añoranza.
Pero déjame ser yo,
Que sin ella no soy nada.

(Antonio Capilla. VIENTO DEL SUR, Editorial Huerga y Fierro, Madrid, 2009)

miércoles, 28 de agosto de 2013

LUMINOSA CRISÁLIDA

Has llegado desnuda
Luminosa crisálida
Alumbrada en la mente.
Y contemplo en tu piel
Con tus ojos de luna
Con tus ojos de luz
La imagen de otro mundo
Que sin embargo es nuestro.

Interpelo tu acento
Y el latido está en ti
Que nos mueves al pálpito.
Estridor de las alas
En tu canto de sombras
En tu canto de luces
Eres tú la cigarra
Que nos tienes alerta.

Doncella de los sueños
Te asemejas a un grillo
Que no quiere dormir.
E iluminas la carne
Con tus mágicos élitros
Con tu canto infinito.
Vestal bella, ¡tan bella!,
Que en tu seno me alcanzo.



(Antonio Capilla, LUMINOSA CRISÁLIDA, Pozuelo de Alarcón, 2013, leído en castellano y en portugués en la Feria del Libro de Aveiro, Portugal, DURANTE EL "20º ENCUENTRO POÉTICO LUSOESPAÑOL", 9-6-2013 )

lunes, 5 de agosto de 2013

¡QUÉ PENA, PENITA, PENA!


Este año lo anunciaron
Como un tigre enfurecido
Con las garras afiladas
Y mostrando los colmillos.

Este año lo encargaron
Como engendro mal parido
Con la cara deformada
Y miseria en sus bolsillos.

Han querido el 2013
Con horchata en los sentidos
Sin piedad para los pobres
Y colmado para el rico.

La crisis, la tapadera
Del que obtiene beneficio
Y se burla de los pobres
Que se comen los ladrillos.

Y, ¡ole!, los coches de lujo,
Y al pobre, con el martillo.
Y, ¡ole!, ¡la gran opulencia!,
Y al pobre, alambre de espino.

Qué pena que no reaccionen
Los que pasan de lo lindo;
Qué pena que no se enteren
Que hay niños que pasan frío.

Qué pena, penita, pena
No tener siendo martillos
El valor de golpear
Todo lo que está maldito.

Que el 2013 no tiene
Escasez de leche y trigo,
La miseria está en aquellos
Que acaparan sin sentido.

Caminemos, pues, el año
Con ansias de ser martillo,
Y aplastemos de una vez
Todo lo que está podrido.

(Antonio Capilla, variación de la trova con la que recibí el 2013)

viernes, 26 de julio de 2013

CALMA CHICHA


En esta tarde blanca de verano
No hay niños en las calles ni en las plazas,
Todo es quietud y calma...

Sitio residencial del extrarradio...
La gente se adormece,
La vida se remansa. 

En esta calma chicha del verano...
 Todo es quietud y sueño
Con ritmo acompasado.

Oh tenue palpitar que me arrebolas,
Oh leve suspirar,
Tú arriba estás dormida...

De nuevo es el silencio el que me envuelve
En esta blanca tarde de verano.
Y un estremecimiento...

Oh, suspiros del sueño,
Bendito sueño que en tus brazos tienes
El sueño que me escapa.



Antonio Capilla, poema revisado de Viento del Sur, Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2009

martes, 16 de julio de 2013

HAY QUE SOÑAR LA VIDA... PARA VIVIR EL SUEÑO

Me lo has contado en noches de vino y gloria, viejo.
Y siempre he percibido en tu recuerdo
La nostalgia de lo ido apenas evocado,
El alegre dolor tintineando en tu vaso,
Esa sangre de historia bebida de tus labios.

A pesar de esta nieve que ya puebla mi barba,
Musitabas sin prisa
Enlazando en la mía tu mirada,
Conservo en el cuaderno
De mi existencia larga
La imperturbable imagen de aquel niño emigrado
Y venido del sur.
Yo tengo en mi cuaderno
La imagen de la casa
De mi primera infancia
Ubicada en mi pueblo
Que es un pueblo andaluz.
Epifanía en las páginas
De una infancia truncada...
Después viene la noche que me pintó mi madre,
Noche cruda de enero
Y sin embargo amable;
Noche de fantasía
Magnífica, mágica, mítica, singular...
Porque yo vine al mundo cuando el aire enfriaba
De mi casa los muros,
Y tocando los nimbos con sus manos de brujo
Convirtió sus gotitas en los copos más puros
De la nieve más fina.

Y esa noche embrujada, Cantillana querida,
El invierno extendió en tus plazas y calles
Y en tus montes y campos
Tanta nieve del cielo
Como nunca pensaste.
Y tus gentes gozaron
Con la nieve de ensueño
De un invierno de encanto.
De un invierno de cuento,

Hoy, que es noche de enero,
Me parece estar viendo
De madera la cuna
Tiritando de frío,
Y en aquel dormitorio
En el sueño de un niño
Pesadillas nocturnas
Con fantasmas y monstruos,
Y una madre de azúcar
Musitando palabras
Y oraciones balsámicas
Al chiquillo en la cuna.

Luego en tu juventud,
Como antaño los druidas
Con sus manos divinas
Y sus ojos de luz,
Has sabido tener
El poder inmanente
De imaginar tus sueños...

Y en tus luchas y afanes contra los hechiceros
Conseguiste ahuyentar
Esos sueños maléficos
Que tus noches poblaron.
Así que, viejo, ya nadie podrá suprimir
Este ungüento feliz
Que te alivia la herida de la humana existencia.

Con tu mágico hallazgo
Yo te vi tan contento
Que grabé en mi memoria
Las palabras salvíficas
Que me llegan de nuevo
Y que pongo en tus labios:

“ Hay que soñar la vida para vivir el sueño
Y hay que soñar el sueño... Para vivir la vida.”

Luego al fin proseguías,
Tu mirada en la mía:
¡Cuántas bellas imágenes
Mi cuaderno ilustrando!...

Al llegar a Madrid aún recuerdo
Su grandioso paisaje
De ladrillo y asfalto,
Esa faja de nieve
Que tu mente dibuja
Con un blanco de luna
En armiños de ensueño,
Aquel niño aterido
Con abrigo de enero
Y zapatos de frío...

Imaginaos en fin
El suelo de Madrid
Cubierto de esa nieve
Que yo no conocía
Como harina muy fina
De trigo candeal,
Y la ciudad la artesa
Para amasar el pan
Bregado de la vida.

Porque esto fue quizás
Metáfora y presagio
De lo que fue mi hallazgo
De lo que fue mi encuentro:
El sueño de un pan mágico
Que yo creí soñar,
El pan de un sueño extraño
Que se hizo realidad.

Y es que yo sigo el rumbo
Al menos de una idea
De la que tú también
Puedes estar seguro,
Puedes estar contento:

“Hay que vivir el sueño para soñar la vida.

Y hay que soñar la vida... Para vivir el sueño.”


Antonio Capilla, poema en EL FUEGO EN LA PALABRA, Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2009

martes, 2 de julio de 2013

Un poema de EL ÁGUILA DE FUEGO CON LAS ALAS DEL TIEMPO


LA ESCOBA 


Eres hilo del tiempo tan delgada 
En manos que te abrazan firmemente,
Y eres fuerza del justo y su llamada
En contra del corrupto impenitente.

Eres fuego que arrasa, llamarada
De pureza en el lodo del ambiente,
Rectitud en la mano acrisolada
Del hombre que es íntegro y valiente.

En el mundo eres fuerza que va y viene
En tu afán de limpiar de toda huella
El detrito que el guante blanco tiene.

Doncella, eres el arco verdadero
De la mente más noble que sostiene
De la palabra el dardo justiciero.


Antonio Capilla, EL ÁGUILA DE FUEGO CON LAS ALAS DEL TIEMPO, Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2013




miércoles, 26 de junio de 2013

LA AMBULANCIA.


 Cuento que ha sido publicado en la ANTOLOGÍA 2012 de "Escritores en Red" y que publico aquí para subsanar algunos errores de los que soy el único responsable: 


LA AMBULANCIA. 

      Tengo que ir más deprisa... ¡Ojalá tuviera los mismos reflejos que antes! ¡Qué tiempos aquellos! A correr no había quién me ganara… Siempre fui un buen corredor… Y, ahora, estas malditas piernas me pesan como si fueran de plomo…

       ¡La cara que puso! Desde luego no me gustó nada la cara que puso el doctor cuando miró las radiografías... " Sr. Caneda, su esposa Ana"... 

       Pero tú no vayas a fallarme, Ana… No podría soportar que me fallaras. Tanto tiempo queriéndote... Que no sabría acostumbrarme. Ya sé que soy muy rudo, que no te sé decir esas cosas bonitas que tanto les gustan a las mujeres... Soy un zopenco… Sí, un zopenco, ya lo sé... Pero la verdad es que no sabría vivir sin ti, Ana, ¿qué haría yo sin ti?

       En el hospital me dijeron que tendrías que ir todos los días para radiarte, que no me preocupara porque nuestro pueblo estuviera lejos, que nos pondrían una ambulancia.

       ¡Una ambulancia! ¡De ninguna manera! Que no, que no… No se preocupen que ya nos arreglaremos sin ambulancia… Que no, que no, ¡que de ninguna manera, hombre!

       No, querida, ¿Cómo iba a permitir que te llevaran en ambulancia todos los días? ¡Con el miedo que te han dado siempre las ambulancias! Y, ahora, tú... ¿Ibas a estar dependiendo un día sí y otro también de una maldita ambulancia? Pues, ¡menudo soy yo para achicarme! No, claro que no.

       ¿Te acuerdas cuando niños? El maestro me preguntaba la lección y yo no me achicaba, ¿verdad? Además, como estabas tú para soplarme... Porque tú sí que lo sabías todo. Por eso, has llevado siempre la iniciativa en todo. Y, sin embargo, has conseguido hacerme creer que era yo el que llevaba la iniciativa siempre…

       Seis minutos... Me quedan seis minutos… Tengo que darme prisa o perderé el examen.

       Y luego, Teo, el de la autoescuela. Si hubieras visto con qué cara me miró el lelo de Teo, el de la autoescuela, cuando le dije que quería sacarme el carné de conducir… 

-       Pero, Sr. Caneda... Si tiene más años que Matusalén...

-       Y a ti ¿qué leche te importa? Tú hazme la matrícula, y ya está.

       Pero, nada... Él a lo suyo…

-       Hombre, Sr. Caneda, que ya no está para esos trotes. Que el año pasado estuvo usted con un pie en el otro barrio… Tiene que cuidarse un poco… Su corazón... 

-       Mira, Teo, sabes que te digo... ¡Que te vayas a hacer puñetas!

       Ahora, que  lo más difícil fue convencerte a ti de que no estoy chocho…

-       Que sí, mujer, tú no soportas una ambulancia y a mí no me da la gana de que tengamos que depender de un maldito autobús. Sobre todo en invierno... ¡Con el frío que hace en invierno! ¿Tú crees que yo voy a consentir que vayas en autobús en invierno con el frío que hace?

       ¡Vaya, con la cuestecita! ¡Venga, Caneda, que sólo faltaría que llegases tarde al examen con la falta que te hace el dichoso carné!

       Y Teo, el de la autoescuela, bajando la calle... Si vieras, querida, la cara que traía Teo, el de la autoescuela... Ahora, que yo no podía ni imaginarme lo que iba a salir en el periódico... Claro que ese periodista del Heraldo del Bajío...

       Con lo mal que me sabía la lección entonces y lo requetebién que me salió el teórico. Pero tú no me falles, Ana. No puedes fallarme… Lo conseguiremos… Ya verás... Hoy ya no es como antes: con la radiación la gente se cura… y, tan a gusto.

       ¿Y el periodista ese del Heraldo del Bajío? ¿Pues no que al salir de la prueba me estaba esperando? Y digo yo que ¿cómo se enteraría? Fíjate, y no va y me pregunta que si de verdad quería sacarme el carné de conducir…

-       ¡Hombre...! Acabo de hacer el teórico, ¿no?

-       Perdone, pero a su edad... 

-       Ya, ya, a mi edad... Pero mire usted, yo por mi mujer me saco el carné y lo que haga falta, aunque para esto tenga que venirme a la capital… 

-       Claro, claro…, Porque usted es de… 

-       ¿Un servidor? De Villa de X. Pero, ya sabe usted, cuando hay confianza da asco... ¿Usted cree que voy a pararme a explicarle al tonto de Teo, el de la autoescuela, que necesito el carné para traer a mi mujer al hospital? Vamos, como si no hubiera más sitios para sacarse el carné… 

       Las nueve y veinticinco: No voy a llegar a tiempo… Tenía que haber salido antes… Porque ya no estoy para carreras... Solo faltaba que suspendiera el práctico por no llegar a tiempo. Cinco minutos... No, si sólo faltaba... Venga, viejo, que ya falta poco… 

       Ahora que Teo, el de la autoescuela... La cara que traía el otro día Teo, el de la autoescuela. Venía calle abajo blandiendo el periódico como una maza. Y, bueno, ¿qué le iba a decir yo?

-       Hombre, Teo, que yo no sabía nada… ¿Cómo iba a saber que ese “chalao” de periodista iba a publicar que tú eras poco menos que un desalmado por no hacerme la matrícula?

       Y, Teo, que si no me daba cuenta... que él no discriminaba a nadie... que maldita sea su estampa por preocuparse por mí... que qué iban a pensar en el pueblo... que si patatín... que si patatán… Qué putada, Ana, ¿Pero, cómo iba a saber?...

       ¡Qué dolor! Señor, ahora no... ¡por favor, ahora no! Esto es peor que la otra vez… 

-       ¡Pobre hombre!… ¡Una ambulancia! ¡Pronto, llamad una ambulancia!

       ¡Me duele!, ¡cómo me duele!, ¡ah!, no puedo más!...

-       ¡La ambulancia!… ¡¿Habéis llamado la ambulancia?!

     ¡Ah! Otra vez… ¿Te das cuenta, Ana? Están gritando por mí, están gritando por mí... Pero yo no puedo fallarte, esta vez, no puedo fallarte, no puedo, no quiero… Qué mala suerte, Ana, qué mala suerte... Por favor, una ambulancia... Que alguien me traiga una ambulancia... Una ambulancia... Por favor… una  ambulan...

Antonio Capilla Loma

lunes, 24 de junio de 2013

JOSÉ PAULINO AYUSO: "Entre el rigor y el vuelo" (prólogo a "El águila de fuego con las alas del tiempo").

Entre el rigor y el vuelo.

Este es un libro sentido, porque es un libro de poesía y creemos espontáneamente que un libro así tiene su origen en el sentimiento, en aquella «honda palpitación del espíritu» que nos dijo Machado. Y, en efecto, este es un libro sentido, ahondado en emoción que de diversas formas circula por los versos. Pero es también un libro que ha sido cernido, aquilatado con una precisión de orfebre, pasado por el filtro del pensamiento, reflexivo y dispuesto de forma ordenada y minuciosa. Pensamos que el sentimiento hay que controlarlo, quizás. Pero en la poesía de Antonio Capilla se trata de esto y de mucho más: se trata del impulso integrador de la totalidad humana, proyectado en la palabra. Es lo que Unamuno definió de manera imperativa: «Piensa el sentimiento, siente el pensamiento» (Credo Poético). Y esto mismo lo dice el poeta nada más comenzar el libro y lo recuerda en el poema «La herida del tiempo».

Esta es, por consiguiente, una poesía sentida y una poesía pensada, que en su unidad orgánica y en su variedad encuentra su propio equilibrio dinámico, en el viaje de lo exterior a lo interior, de la contemplación a la comunicación, del presente al pasado, de lo grande infinito a lo menudo, de lo serio a lo cómico. Y nada es demasiado amplio o ajeno porque la voz del poeta lo humaniza; y nada es excesivamente pequeño porque la contemplación amorosa alcanza al corazón de su trascendencia.

Y al comienzo de todo están, poderosamente presentes, la poesía y el poeta. Ahí levanta el vuelo inaugural el águila de fuego, «aquella que da vuelo a la palabra,/ La voz que nunca calla.» y que nos arrastra con sus dos alas de tiempo. El impulso ascensional, el arraigo del amor que levanta, las voces como luces, las luces de las estrellas como voces. Y ya desde esta breve serie de poemas el lector está lanzado y referido a una dimensión cósmica, a la que el libro le mantiene fiel, pero que nunca abandona la tierra ni pierde de vista lo inmediato y relativo. Pero existe poesía no porque hay límite, que es necesario, sino porque hay vuelo y suena la palabra, entre el silencio del comienzo y el silencio del fin, porque hay aire. El límite marca la necesidad de trascender y eso está patente en esta poesía de Antonio Capilla.

A continuación los poemas adquieren y despliegan tonos y motivos de la vida, reconocibles de muchas formas; es decir, recogen las luces y reflejan estados emocionales, contemplaciones, cercanía afectiva, composiciones en que el poeta recorre con su mirada el mundo exterior y el interior. Así ocurre simultáneamente en «Mar de Arosa», donde la realidad lleva al recuerdo entrañado de la persona amiga y ya perdida. Hay reflexiones sobre el dolor de la mujer, miradas detenidas en las horas crepusculares, desde la casa o el acantilado, para volver de nuevo al reconocimiento interior y su experiencia del cambio en lo inmutable. Cabe una reflexión patriótica que busca lo esencial y una vuelta a la patria del hombre que es su casa de la infancia, a veces acompañada de descubrimientos dolorosos, pero siempre rescatada.

Y ante la misma mirada se ofrecen objetos cotidianos, los grandes inventos humildes a que se refirió con humor Machado. Y que Antonio Capilla sabe no solo mirar, sino llevar a un sentido humano y poético. Ahí están la escoba y la veleta.

Porque más allá de los motivos, temas, objetos y circunstancias, esta poesía abre, en lo grande y en lo pequeño, una dimensión cósmica por la implicación de todo en cada cosa. De manera menos abstracta, vuelve a los orígenes del conocimiento poético y filosófico, que siempre rescatamos, en los cuatro elementos, que conviven y se integran entre sí o establecen la eterna lucha de los contrarios. Si el aire-vuelo y el fuego se complementan en el primer poema, también lo hacen el agua-mar y el fuego luz en «La herida del tiempo»; el agua fluye dual y maniquea en los versos de «Oda al agua» y se hace presencia de muerte en Arosa. Por otra parte, el aire hace a la veleta el emblema de la verdad y la rectitud y hasta la escoba, en su arrastrada misión, es fuego que limpia y ola que arrastra la suciedad. Hasta la lucha de contrarios del agua y del fuego sexual tiene su poema de belleza y ridículo.

Ese discurrir y esa fragmentación iluminada de la experiencia, como el caleidoscopio, siempre tienen sentido porque brotan de una interioridad fuerte, mantenida; y alcanzan una expresión, ligera o grave, pero adecuada, bien armonizada con el resto. Y así, en todo este proceso, el poeta se retrae, dirige la mirada reflexiva, ya no al mundo exterior o al interior, sino a la misma obra que se ha ido tejiendo, que está ahí extendida delante de él. ¿Y qué es esto? Y así cierra el poemario con una composición metapoética, definidora, que traza el fundamento poético de lo escrito y leído, que reflexiona sobre lo sentido y lo pensado. Y entonces se nos hace explícita la poesía como expresión vital, su sentido siempre intencionalmente comunicativo, y sobre todo, el fundamento aparentemente poco relevante, por común, pero imprescindible para que haya poesía (no solo emoción o solo pensamiento): el ritmo en la base, la música y la imagen. El poeta, percibimos ahora, ha tenido que esforzarse para estar lo más cerca posible de la naturalidad de la dicción en su trama verbal, e ir lo más lejos posible y al mismo tiempo en la implicación del símbolo que transforma la realidad. Ha sido consciente también de la necesidad de unir estos pares opuestos: certeza del ritmo, gracia de la música; concreción de los objetos, sentido simbólico de su existencia en el universo de la poesía.

Y por eso Antonio Capilla nos resulta, al final igual que al comienzo, un poeta humanista, de la estirpe machadiana del amor, que pone a la vez en práctica lo que Unamuno escribió: «amar es simbolizar, resumir… crear leyendas». Y, en su humanismo, un poeta riguroso, que recupera y restaura esta otra afirmación unamuniana: «Un poeta es el que desnuda con el lenguaje rítmico de su alma.» El suyo. Esto es poesía.

A partir de ahora se inicia el libro. Es un libro sin tendencias o sin escuelas, más que la eterna verdad de la poesía. Un libro abierto a todos los vientos y vuelos de la emoción y a todos los arraigos ardientes de la reflexión y un libro a la vez, cerrado, perfectamente ajustado en sus límites precisos.
                                                                                              J.P.A.

martes, 18 de junio de 2013

IN MEMORIAM José Paulino Ayuso, un caballero complutense (publicado en el diario EL PAÍS, 3-6-2013, por JULIO VÉLEZ SAINZ, profesor titular y secretario académico de la Universidad Complutense de Madrid).

IN MEMORIAM
José Paulino Ayuso, un caballero complutense
Catedrático y director del Departamento de Literatura Española, sus estudios se centraron en la poesía del siglo XX

)
JOSÉ PAULINO AYUSO

El pasado 29 de mayo y aquejado de un cáncer que nos lo arrebató en poco más de un mes, José Paulino Ayuso (Valencia, 22 de septiembre de 1945-Madrid, 29 de mayo de 2013) dejó el mundo de los estudios literarios y la universidad española. Todo un ejemplo de mesura y saber estar que nos abandona en un momento especialmente dulce de su ya dilatada trayectoria investigadora y profesional.
Nacido en Valencia y licenciado y doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis sobre León Felipe (1980), obtuvo la titularidad en 1984 y se acreditó para una Cátedra de la Facultad de Filología de esta misma universidad en 2009. El año de su nombramiento como catedrático (2010), fue, además, elegido por unanimidad director del Departamento de Literatura Española. Fue, asimismo, director del grupo de investigación Temas y géneros de la literatura española en la Edad de Plata y su proyección, muy activo en los últimos años.
Los estudios de José Paulino Ayuso se centraron en la poesía y el teatro del siglo XX, terrenos en los que su voz era una autoridad. En terrenos poéticos, León Felipe, Leopoldo Panero, Juan Larrea o Claudio Rodríguez fueron objeto de estudios seminales que sirven para espigar el grano de la ingente producción en verso del pasado siglo. Podemos destacar su edición de las poesías completas de León Felipe (Visor, 2004) y de Rafael Morales (Cátedra, 2004). Prueba de esa amplitud de miras es su publicación, en dos volúmenes, de una Antología de la poesía española del siglo XX que abarcan los periodos 1900-1939 y 1940-1980 respectivamente, en la que daba cuenta de un amplio elenco de poetas en un abanico sopesado y mesurado, reflejo de la personalidad del compilador, y que es hoy en día una referencia en el mundo del hispanismo. También le prestó atención al exilio republicano en México…
En terrenos dramáticos, le gustaba trabajar con autores cuyos textos teatrales habían quedado ensombrecidos en las historias de la literatura frente al resto de su producción literaria. Por ejemplo, hizo mucho por recuperar el teatro de Unamuno, entre otros, podemos destacar muy solvente edición de La esfinge, La venda y Fedra (Castalia, 1998). Últimamente, le dedicó una monografía a Ramón Gómez de la Serna titulada La vida dramatizada (Editorial Um, 2012) en la que destacaba la interconexión entre el teatro y la trayectoria vital del madrileño. Con respecto a autores ya firmemente instalados en el sistema teatral, podemos destacar sus estudios de Buero Vallejo, a quien le dedicó una monografía inevitable titulada La obra dramática de Buero Vallejo: Compromiso y sistema (Fundamentos, 2009).
El mundo de la Filología le debe, entre otras cosas, su mesura y talante a la hora de acercarse a los autores del siglo XX con una mirada amplia, abierta y limpia de sectarismos. En el ámbito personal, cabe destacar, de nuevo, su carácter cercano y su corrección. Era un catedrático y director de departamento que siempre tenía unas palabras amables para todos los que trabajaban con él (personal docente, investigador, administrativo, de servicios y limpieza); de hecho, conocía de nombre y trataba con respeto tanto al catedrático más antiguo como al más joven becario; sirva este detalle como botón de muestra de su bonhomía.

Julio Vélez Sainz es profesor titular y secretario académico
 de la Universidad Complutense de Madrid.
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domingo, 2 de junio de 2013

Los días 8 y 9 de junio tendré el honor de participar como poeta invitado en el "20º Encontro Poético Luso-Espanhol". Gracias amigos por vuestra amistad.

Caro amigo Antonio Capilla,
O GRUPO POÉTICO DE AVEIRO vai organizar o seu 20º ENCONTRO POÉTICO LUSO-ESPANHOL nos próximos dias 8 e 9 de Junho.
É com enorme prazer que vimos o convidar para participar como poeta convidado. Para o GPA será uma honra ter a tua participação.
Como nosso convidado os encargos com o jantar de sábado, o almoço de domingo e o alojamento, estarão a nosso cargo.
Aguardamos com expectativa uma resposta de tua parte.

Com amizade,
Rita Capucho
Grupo Poético de Aveiro

sábado, 1 de junio de 2013

EN VERSO SÁFICO

En verso sáfico a mi amada llamo,
En el poema que en mi carne escribo,
En la pasión que me consume cuando
Ella es conmigo.

El mar y el sol en ti parecen uno;
El esplendor de tu mirada, el alba.
Eres más grande que la luz del mundo...
Eres su causa.

Y es tu mirada un universo mágico
Y es tu sonrisa un ventanal al cielo
Y es tu palabra un sortilegio extraño...
Tenme en  tu seno.

No estés ausente cuando estoy contigo
Que me estremece verte tan distante...
Me falta el aire cuando tú te has ido:
Tú eres el aire.

Tus brazos siento que me abrazan cuando
El halo triste de mi ser me cierne.
Sin ti soy nada que por ti me alcanzo...
Tenme en tus sienes.

Y yo me enfado si me siento solo,
Soy una sombra si no estás conmigo
Y así tu ausencia viene a mí... Y de pronto
Soy como un niño.

De sed el agua inagotable bebe
Del pozo abierto que nunca se agota,
Mi pozo llena lo más hondo... Tienes
Sed en tu boca.

Morir por ti y en tu interior es vida,
Y yo al vivirme en tu interior me muero...
Mi vida entera en tu querer es cima:
Tú eres mi lecho.

Oh, claro día en que yo vi primero
La flor primera de la primavera...
La sola y única que yo consiento
Ser en mi esencia.

(Antonio Capilla, EL FUEGO EN LA PALABRA, Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2009)